Comunicación evolutiva: entre el caos y la esperanza*
- David Mateo, PhD.
- 10 mar 2025
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 10 jun 2025
La comunicación amplifica tanto la violencia y la desinformación, como la empatĆa y la acción colectiva. Mientras eventos como el asalto al Capitolio muestran su poder para radicalizar, movimientos comoĀ #BlackLivesMatterĀ evidencian su capacidad de movilización social. Siguiendo a James Lull, la columna plantea que la comunicación es el vehĆculo -Ā”y la esperanza!- para construir una conciencia compartida y nuevas formas de cooperación global.
Aunque Fukuyama afirmó que la democracia liberal marcarĆa el fin de la historia como lucha ideológica, los fundamentalismos, lejos de extinguirse, florecen y mantienen al mundo sumido en un caos perturbador. Escenas de civiles emboscados, ciudades devastadas y masacres estremecen las redes sociales y los medios. CĆ”maras de seguridad, smartphones, drones y GoPros capturan la brutalidad en tiempo real. Transmitidas āen vivoā por Facebook, WhatsApp y Telegram, estas imĆ”genes adquieren un matiz grotesco, casi teatral, y al mismo tiempo exponen un trasfondo real de rabia, miedo y confrontación.
En este mundo de violencia recĆproca amplificada digitalmente, Yuval Noah Harari advierte que el dolor propio nos ciega ante el sufrimiento ajeno y que solo la compasión de quienes no estĆ”n directamente involucrados puede aplacar el desdĆ©n y la indiferencia. Es lo Ćŗnico que, segĆŗn Ć©l, nos permitirĆa actuar con sentido moral. Su reflexión es poderosa, pero deja una pregunta abierta: Āæpodemos lograr esa sensibilidad en un mundo hiperconectado y polarizado como el de hoy?
AquĆ sostengo que la perspectiva de la comunicación evolutiva de James Lull**,Ā ofrece una respuesta esclarecedora: sĆ es posible, y lo es porque contamos con una herramienta excepcional: la comunicación humana. SegĆŗn Lull, la comunicación es el mecanismo central que permitió la supervivencia de nuestra especie porque nos dio conciencia compartida, y si algo puede hacer realidad la empatĆa a escala global que Harari demanda hoy, es esa misma capacidad comunicativa que Lull afirma nos trajo hasta aquĆ.
Veamos un poco de dónde viene el argumento. Lull, siguiendo a primatólogos como Michael Tomasello, sostiene que la comunicación humana ha evolucionado en una espiral a travĆ©s de tres etapas que coexisten y entrelazan. Primero,Ā āla solicitud de atenciónāĀ (āquiero que me prestes atenciónā), similar al tamborileo de los gorilas machos para atraer a las hembras. Luego, el āinformarāĀ (āquiero que sepas algo importante para ambosā), como la pantomima de los primeros humanos para seƱalar la ubicación de recursos, advertir de peligros o coordinarse en la caza. Finalmente, el ācompartirā (āquiero que sientas lo mismo que yo al respectoā), y que observamos, por ejemplo, cuando nos reĆmos o sorprendemos juntos ante un mismo evento, o cuando buscamos la mirada del otro para confirmar su reacción. El logro de este tercer nivel, el ācompartirā, segĆŗn Lull, es lo que cambió todo.
A partir de aquĆ, Lull, que tambiĆ©n conecta con filósofos de la acción como John Searle y Margaret Gilbert, afirma que de ese ācompartirāĀ primigenio habrĆa emergido un āmodo dual de pensamientoā, y de este, un actor colectivo que opera dentro de acuerdos basados en conocimientos, intenciones y emociones compartidas. Estos acuerdos, es muy importante seƱalar, no son estĆ”ticos; se negocian y se reconfiguran permanentemente a travĆ©s de la misma dinĆ”mica flexible de la comunicación que dijo que les dio origen. El agente deja de ser un āyo individualā y se convierte en un ānosotros intencionalā, un sujeto plural, una construcción mental que define cómo las personas se perciben a sĆ mismas dentro de un colectivo o un grupo.
Lo que hace importante al reconocimiento del surgimiento de esta capacidad de construir realidades compartidas es que, según Lull, es ella la que permitió la evolución desde pequeños grupos hasta culturas globalmente interconectadas. Que de los objetivos, normas y convenciones establecidas comunicacionalmente por los primeros humanos es de donde surgieron las tribus, y con el tiempo, las culturas complejas y mediatizadas en las que experimentamos los dilemas actuales.
El punto es que ahora, en este agitado nuevo mundo, la introspección y la moralidad ya no pueden prosperar dependiendo de la interacción cara a cara como en la Ć©poca del forrajeo, sino que requieren de la fuerza expansiva de los mass mediaĀ y la cultura digital. Lull seƱala que las tecnologĆas de la comunicación no sólo han fortalecido nuestra capacidad de āsolicitar atenciónāĀ y de āinformarā, sino que han potenciado nuestra habilidad para generar āempatĆaā. En el corazón del proceso comunicacional contemporĆ”neo que describe Lull, no solo se mantiene la conciencia de los eventos que nos rodean aquĆ y ahora, expandiĆ©ndose globalmente, sino tambiĆ©n el reconocimiento de que esa conciencia es compartida: sabemos que otros tambiĆ©n saben lo mismo que sabemos...
Sin embargo, no somos ingenuos. Las imĆ”genes y sĆmbolos rebosantes en las salas globales de eco tambien han sido utilizados para incitar la competencia en lugar de la cooperación; el odio y no la comprensión mutua. ĀæCómo olvidar la escena del āChamĆ”n de QAnonā aullando dentro del Capitolio? O a la multitud escalando muros, rompiendo ventanas y saqueando oficinas, mientras los legisladores intentaban resistir bloqueando puertas con muebles. Nada de esto fue espontĆ”neo. Grupos en Facebook, Twitter, Parler y Gab lo coordinaron viralizando llamados como: āĀ”Tomemos el Capitolio!ā, y expandiendo teorĆas conspirativas en YouTube y Twitter. Mientras tanto, medios como CNN, ABC simplemente recogieron lo que ya circulaba descontroladamente.
Pero si bien esto es cierto, tambiĆ©n lo es que la comunicación digital ha demostrado su capacidad para generar conciencia, desmontar adhesiones ciegas y transformar creencias peligrosas en conocimiento y, eventualmente, en acción colectiva. El cruento asesinato de George Floyd es un claro ejemplo de esto. Registrado en video por una transeĆŗnte y difundido en redes, el material desató una ola de indignación internacional. En cuestión de horas, millones de personas compartieron imĆ”genes y testimonios sobre la discriminación racial en EE.UU. Se organizaron protestas masivas en mĆ”s de 60 ciudades y, en dĆas, el movimiento trascendió fronteras con manifestaciones en: Londres, ParĆs, BerlĆn, Ciudad de MĆ©xico y SĆdney. Minneapolis implementó reformas en su departamento de policĆa, empresas e instituciones revisaron sus polĆticas de diversidad e inclusión y #BlackLivesMatterĀ pasó de ser un simple lema a convertirse en un llamado global contra la brutalidad policial y el racismo sistĆ©mico.
Estos dos ejemplos muestran con crudeza que la comunicación mediada puede ser tanto un arma de polarización como un catalizador de conciencia y cambio social. El argumento de Lull es, sin embargo, que si somos concientes de ello, su mayor potencial radica en lo segundo, en su capacidad para reforzar el ānosotros intencionalā y expandir la empatĆa mĆ”s allĆ” de los lĆmites inmediatos de nuestras comunidades. La comunicación es mĆ”s que llevar y traer información; es el mecanismo que nos permite individualizar, contemplar y criticar lo que nos rodea, reflexionar sobre nuestras acciones, considerar la perspectiva de los demĆ”s, incluso la de desconocidos o de aquellos con quienes discrepamos. La comunicación es flexible y ha sido nuestra mejor herramienta para ajustar el rumbo, aprender del pasado y reforzar los lazos que nos sostienen como sociedad.
Entonces, si la comunicación ha servido para dividir, tambiĆ©n lo ha hecho para construir cooperación y expandir nuestra conciencia moral, y si hemos llegado hasta aquĆ, ha sido porque la cooperación ha resultado mĆ”s exitosa que la hostilidad. La comunicación es el motor que conduce nuestra evolución, porque como dice Lull: āPara sobrevivir, debimos cooperar; y para cooperar, debimos comunicarnosā. No sucede una sin la otra, y no hay razón para que hoy sea distinto.
*Este columna es el avance de un artĆculo cientĆfico actualmente en preparación y que espero publicar en una revista especializada este aƱo 2025.
**James Lull es un reconocido acadĆ©mico, investigador y escritor norteamericano en temas relacionados con las audiencias, los medios de comunicación y la cultura. Entre sus libros se encuentran: Popular music and communication (1987), World families watch television (1988), Inside family viewing (1990), China turned on (1991), Media, communication, culture (2000), Culture in the communication age (2001), Culture āon- demand (2001), The language of fife (Lull y Neiva, 2012). MĆ”s recientemente ha propuesto una nueva subdisciplina y que Ć©l denomina la 'aproximación evolutiva a la comunicacion'. Entre las publicaciones relacionadas a este enfoque se pueden mencionar su Ćŗltimo libro: Ā Evolutionary communicationĀ (Lull, 2020), y tambiĆ©n algunos de sus artĆculos mĆ”s recientes, entre ellos: āApproaching evolutionary communicationā (2022).













